sábado, 15 de marzo de 2014

Cineteca: Tiempos del tránsito (un documental con Bill Viola)

Sábado 1 de Marzo de 2014


Matadero cineteca



TIEMPOS DEL TRÁNSITO (UN DOCUMENTAL CON BILL VIOLA)


Isabel María
España-México 2014
80’


Entre una entrega de premio en Barcelona y una inauguración en Nueva York, Bill Viola describe cómo fue su crisis creativa antes de realizar The Passing, La única obra donde utiliza imágenes domésticas para hablarnos del tránsito de la vida y la muerte, desde una experiencia personal.

La cámara como escritura es un proyecto de investigación audiovisual donde Isabel María, artista y doctora en Bellas Artes, retrata y analiza las obras audiovisuales y los procesos creativos de tres creadores: Agnès Varda, Alan Berliner y Bill Viola.  La forma en que construyen los retratos, la identidad y la memoria, el paisaje como territorio abierto y el tiempo como líneas temporales que se unen en un solo tiempo, la película. Retrato y documento a un tiempo de gran interés para profundizar en el proceso creativo de la autora y de estos tres artistas. 

Idioma: Inglés con subtítulos en español

El documental se desarrolla el 1 de julio de 2009 en Barcelona y en Nueva York.
Bill Viola busca en los otros encontrarse a sí mismo. Tras casi morir ahogado con cuatro años, el agua se convierte en un elemento fundamental en su obra. Es el punto de tránsito entre la vida y la muerte, la vigilia y el sueño. La nada o el negro es el origen de todo. Nosotros miramos el mundo a través del negro (la pupila)
Utiliza imágenes domésticas para construir su discurso. Transmite las emociones a través de la comunicación no verbal. Presenta un posicionamiento autoetnográfico.
En el documental, el cuerpo y la sombra se funden en uno sólo al caer en el desierto. Establece conexión con la vida al grabar con la handycam, porque puede apreciar que hay alguien detrás de la cámara que está grabando.




THE PASSING

Con “The Passing” asistimos a imágenes profundamente íntimas que nos sumergen en un relato hipnótico donde se reflejan sensaciones y emociones universales. La proyección de la película es disparadora de una proyección interior, de una travesía desde el interior del artista a nuestro propio interior.

Los matices autobiográficos del relato son casi una anécdota: que sea el propio Viola quien ocupa el lugar de “protagonista”, que asistamos a la muerte de su madre y al nacimiento de su hijo... Acontecimientos íntimos y personales que nos abren una puerta al interior de cada uno de nosotros, a la reflexión sobre la constante transformación de las cosas, a los ciclos de la naturaleza, al fluir del tiempo.

El tiempo, reflexionaba Marco Aurelio en “Meditaciones”, es una corriente impetuosa que todo lo arrastra, cada instante que se presenta es inmediatamente reemplazado por otro que a su vez también será arrastrado hacia el pasado. Viola se apropia de ese flujo mediante el video, el tiempo es su materia prima, lo suspende, lo acelera, lo eterniza en un instante, se apropia de esa corriente y la moldea para revelarnos a cada momento un pequeño milagro visual, pleno de sentidos.

Un niño caminando en la playa, un auto atravesando el desierto, un tren en la noche... Imágenes. Imágenes de sucesos cotidianos, que modificadas en su temporalidad fílmica por la mirada minuciosa del artista adquieren una cualidad cuasi-onírica con una fluidez que nos transporta de la realidad al sueño, del día a la noche, del desierto a la ciudad, de la infancia perdida al presente, de la vida a la muerte, del futuro al pasado... en una travesía interior que no tiene otro punto de partida que las imágenes que nos propone Bill Viola


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